Marco del Conflicto

Lejos quedan ya los días de la dominación española en el Sáhara. Entonces, en plena efervescencia colonialista, los países defendían sus intereses en África a cualquier precio, aludiendo a que su sostenibilidad como país dependía de las materias primas que llegaban, ya fueran materiales o personales. Fue la época de repartirse un continente con la infantil estrategia de quien lo ve primero se lo queda, y hoy encontramos una África llena de líneas rectas inverosímiles donde la mayoría de países explotados padecen ahora hambre y guerras. Abandonados a su suerte, han encontrado, en la mayoría de los casos, un país post-colonial ajeno a ellos y, desde luego, brutales conflictos étnicos debidos al reparto territorial a qué antes nos referíamos. La deuda externa, como sutil mecanismo occidental para perpetuar la relación dominante-dominado, nos indica de qué manera tan brutal la mayoría de países africanos dependen exclusivamente de nosotros y la única pregunta que sinceramente nos podemos formular es si realmente dejamos de ser colonialistas y si la conferencia de Berlín sobre el reparto del África de 1884 es todavía hoy vigente.

Precisamente fue en este año, 1884, cuando el gobierno español comunicó a todas las potencias que los territorios entre "Cabo Bojador" y "Cabo Blanco" pasaban a ser parte de sus protectorados, aunque el flirteo con esta zona empezó mucho antes, hacia finales del siglo XV con la conquista de los reyes católicos de Gran Canaria, empujados por el descubrimiento portugués del Río de Oro, donde se creía era el origen del deseado metal. Entonces, el territorio habitado por los saharauis estaba delimitado al norte por el río Dra, que constituye una frontera natural del desierto con Marruecos; al sur, con los límites de la región de Uadibe, Cabo Blanco, el Adrar Sotuf y el Azefal, y por el este, la Sebja, o depresión salina, de Lyil, Bir Um Grein y la Hamada, o plana, de Tinduf (Ver Mapa).

El latente nacionalismo saharaui despertó en 1970 con manifestaciones reivindicando su derecho a la autodeterminación. Tras la muerte de Carrero Blanco (1973) en España se inicia una nueva línea de actuación política en el Sáhara, abriendo el camino a una independencia tutelada. El primer signo fue la elaboración de un estatuto de autonomía, pero Marruecos, que no le parecía bien la creación de un estado independiente en su frontera sur, presionó a Madrid y este estatuto nunca vio la luz. El segundo signo de esta nueva política aparece el 20 de Agosto de 1974. El gobierno español anunció que realizaría durante los primeros seis meses de 1975 un referéndum de autodeterminación, bajo el control de la ONU, para que los saharauis decidieran su futuro. Marruecos ofreció a Mauritania el reparto de la zona y apeló la decisión española al Tribunal de Justicia de La Haya, para que este organismo determinara los vínculos existentes entre el Sáhara, Marruecos y Mauritania.

El 16 de Octubre de 1975 el tribunal sentenció que no había ningún vínculo del Sáhara con Marruecos y Mauritania que impidiera la independencia del Sáhara. En respuesta a esta decisión, el gobierno de Marruecos, dirigido por Hassan II, y con la ayuda de los Estados Unidos y medios económicos árabes, organizó una marcha civil de unas 350.000 personas, denominada la Marcha Verde, para recuperar el Sáhara. El miedo a que naciera otro estado progresista árabe, ayudado por Libia y Argelia, algo contrario a la línea política occidental, y el supuesto peligro político que las Canarias padecían por estar en la zona, hizo al Alto Estado Mayor Español firmar el orden de evacuar el Sáhara y ponerlo en manos de los marroquíes. Además, es necesario recordar que por entonces Francisco Franco agonizaba, y que el Estado Español temía por la posible situación que podía provocar su muerte. El territorio se dividió entre Marruecos y Mauritania y el 28 de febrero de 1976, España dejó el Sáhara. La población, ante la ocupación, huyó de las ciudades y se refugió en campamentos. Estos campamentos fueron bombardeados por tropas marroquíes entre febrero y el marzo del 1976, causando muchas bajas, principalmente a Tifariti y Um Dreiga. Ante estos ataques, los saharauis huyeron a Argelia, y se instalan en campamentos improvisados próximos a Tinduf. La mayoría llegan agotados y malheridos. Durante los primeros meses las condiciones de vida son precarias. La colaboración argelina se convierte en vital para los refugiados. Poco a poco el número de refugiados aumentó hasta llegar a más de 100.000 personas. Tinduf se convertía así en el nuevo hogar de los saharauis.

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