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Los niños acogidos en Caldes de Malavella
Se
llaman Salem, Galia, Noena y Bachir. Legaron a Caldes a principios
de julio, mediante el programa de la asociación ACAPS de
colonias de verano para los niños y niñas saharauis.
De hecho, este ha sido el tercer año en que niños
saharauis visitan nuestro municipio. Todas las familias acogedoras
coinciden en lo mismo: es una experiencia doblemente enriquecedora.
Por una parte los niños viven por una temporada lejos de
la dureza de los campamentos; por la otra, las familias conocen
una realidad diferente, muchas veces impensable desde la perspectiva
occidental. Entre los detractores de las colonias, aparecen posturas
que dicen que una vez aquí no es extraño que de
mayores los saharauis intenten llegar a España con pateras,
pero como dice Jordi, uno de los acogedores: "Ellos
ya saben lo que hay aquí. Lo que les aprieta para venir
es el hambre. Si tuvieran para comer allí, no vendrían".
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Anna
nos explica que durante la fiesta mayor "había
unos payasos actuando, y yo les dije que dijeran algo a los niños.
Mientras yo intentaba explicar al público cuál era
la situación de los niños, un hombre dijo: "dejad
de hablar ya de esos jodidos moros". El recuerdo
parece ser en este caso caprichoso, y más de uno ha olvidado
que un día el Estado Español abandonó a su
suerte al Pueblo Saharaui, y que estos tenian DNI. Según
Brígida, acogedora de las dos niñas,
"el gobierno español no está haciendo absolutamente
nada por ellos, y la culpa de que el pueblo saharaui esté
así es del gobierno español. Tienen el mismo derecho
que tengo yo a salir de casa e ir a comprar a un supermercado, cuándo
van al water tirar de la cadena,
o abrir las
puertas de su casa, o |
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incluso encender una luz; pero no tienen
nada, y todo gracias al gobierno español".
Respecto a la convivencia con estos niños, Brígida
es clara y nos dice que "creo que
todas las familias lo tendrían que probar: adoptar una criatura
estos meses de verano, porque creo que los más pequeños
por sí solos son muy egoístas, y creo que así
aprenderían a compartirlo todo". Durante
la entrevista sorprende el hecho de que la hija de Brígida,
Andrea, no pare de correr con las otras dos niñas. |
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Les
familias acojedoras con los niños
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Brígida
nos explica que "se duchan
las tres juntas, para merendar se preparan los bocadillos todas
juntas, se peinan entre ellas, juegan muchísimo; se pelean,
es cierto, pero si no se pelearan no serían niños...
Para mi hija ha sido muy positivo, aparte que ve que hay otro mundo
dónde hay niños que no tienen todo lo que tiene ella."
Jordi
está totalmente acuerdo con las palabras de Brígida:
"Te quedarías sorprendido de todo aquello que aprenden
los otros niños de ellos".
Durante la entrevista los niños no paran de correr.
Lo primero que hacen los niños es quitarse los zapatos.
"No llevo zapatos, porque soy saharaui"
dice Bachir. Además, intentan comunicarse con todo el mundo.
Como dice Jordi: "Son muy sociables:
si hablas con los del pueblo te dirán: hombre sí,
aquel niño que siempre saluda". Y la verdad,
es del todo cierto. Galia no deja de besar a Brígida y
Noena abraza constantemente a Andrea. Los niños por su
parte no paran de correr, de un lado a otro, subiendo y bajando
las escaleras de la Font de la Mina.
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Anna y Maria nos dicen: "No
están acostumbrados a estar atados... Aquí hay jardines
y es todo más abierto. Un niño de estos en Barcelona
lo matarían". "Los llevé al campo del
Barça. Estaban a punto de explotar... Salem es del Madrid
y se puso a gritar en medio del campo: "El Barça son
tramposos, el Barça son tramposos..."".
De hecho, en estos dos meses no han parado de hacer cosas: viajes
en tren, piscina, casal, excursiones... "Llegan
mentalizados que vienen de vacaciones y lo tienen que aprovechar
a tope" nos explica Jordi.
Ante la pregunta de que si se quedarían a los niños
para siempre, Brígida es rotunda:
"¿Si me la quedaría para siempre? Con los ojos
cerrados". También nos explica que Noena
tiene graves deficiencias en la vista y que por ejemplo sería
bueno que volviera aquí para seguir un tratamiento, aunque
ya tiene trece años y sus posibilidades de volver a salir
de los campamentos son más reducidas. Aunque piensa que
sería bonito dar la oportunidad a estos chicos de tener
unos estudios. Jordi comenta que "tienes
que pensar que ellos tienen allí las familias y su cultura:
si todos los niños se quedaran desaparecería el
pueblo". Lo que es una realidad es que cada año
aumenta el número de niños acogidos, hecho que según
Jordi es "una medida de presión
para que se haga el referéndum, y supongo que mucha gente
los acoge aquí porque se siente identificados con el pueblo
saharaui".
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Preguntamos a los niños qué es lo que les
gusta más de Caldes. Noena y Galia dicen que la piscina
les gusta mucho. Bachir dice que el cine y la piscina. Salem no
nos hace caso y se distrae con la grabadora. Los acogedores hablan
de lo que les pondrán en las mochilas. La hora de la despedida
llega. Brígida, resignada, nos dice que "quizás
serán ellos quienes el día de mañana lucharán
por tener una vida mejor, y como lo han conocido quizás
lucharán por todo aquello que tienen los otros".
Jordi vuelve a hacer constar que "los
ayuntamientos y la administración en general tendrían
que dar el 0'7 % que marca la ley, y que si no nos mentalizamos
a dar dinero a estos países pobres el problema de las pateras
no se acabará nunca ".
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Estas
niñas se han hecho muy amigas
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Los
niños volverán a su lugar de origen; desterrados
de su tierra, viviendo en unos campamentos de refugiados que son
su realidad. El próximo verano Caldes volverá a
traer más niños saharauis, una experiencia enriquecedora
para los dos lados: a unos los separará por unos meses
de una vida de extrema dureza. A los otros, que somos todos nosotros,
nos enseñará que no todo el mundo tiene las comodidades
que nosotros tenemos, y quizá seremos así un poco
más solidarios.
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Reportaje realizado p0r Agustí
Pajares.
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